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¿Artículo?: «Donald Trump, El Patrón del Mal»

pelo-trumpDesde hace más de una semana, con la elección de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, creemos estar viviendo en un capítulo de Black Mirror, aunque realmente nos gustaría estar viviendo en uno de Los Serrano para despertar y descubrir que todo ha sido un mal sueño. Con los últimos comicios y referéndums, las elecciones han pasado de ser la fiesta de la democracia a la fiesta de la incredulidad y el esperpento. Aunque también hay quienes han recibido con satisfacción la victoria del multimillonario: los ultras blancos, los cómicos y las clínicas de injerto de pelo.

¿Pero cómo ha podido ganar las elecciones semejante botarate? Los expertos políticos señalan diferentes causas para explicar esta victoria: que Trump ha canalizado en su candidatura el descontento de las clases medias y trabajadores de Estados Unidos, que Hillary Clinton representa al establishment, que votar da más pereza que ir a misa, etc. Y puede ser, pero yo tengo mi propia teoría. La culpa de todo la tienen… ¡las series de televisión! Estamos acostumbrados a que nuestros ídolos sean narcotraficantes como Pablo Escobar, mafiosos como Tony Soprano, asesinos en serie como Dexter, héroes caídos en desgracia como O. J. Simpson… Nos atraen los malos de película y de ahí que nuestro mayor acto revolucionario sea que en unas elecciones entre elegir a la señorita Rottenmeier y a Torrente nos decantemos por el segundo.

Pueda que esta teoría que acabo de exponer tenga menos credibilidad que el horóscopo de la Súper Pop, pero simplemente copio a los políticos de turno cuando culpan de la violencia de la sociedad a los videojuegos y al cine. Por mi parte seguiré viendo Narcos o Juego de Tronos, aunque espero que en un futuro no muy lejano gobierne el mundo un tipo como Michael Landon. Y, ya puestos, que España sea regido por personas honestas e íntegras como Chanquete y Julia de Verano Azul.

¿Microrrelato?: «Mi madre tiene Facebook»

 retratoMi nombre es Eduardo Maestre. Tengo 35 años y hace exactamente un año que abandoné el hogar familiar. Mi madre intentó impedirlo haciéndome una llave de Pressing Catch. Mi padre lo grabó con el móvil e hizo un vídeo viral en Youtube. Desde que vivo solo soy un hombre feliz, aunque reconozco que mi dieta diaria a base de lasañas precocinadas, hamburguesas y legumbres (de bote) me han transformado en el Piraña de Verano Azul. Mi tripa está tan hinchada que mi ombligo ha desaparecido como si se tratara de un truco de David Copperfield.

Creo que la única razón para vivir de mis padres es hacerme la vida imposible. Mi madre me llama todos los días. Lo cual tampoco me importaría, si no lo hiciera a cobro revertido. Y para colmo hace un mes se ha abierto una cuenta en Facebook y está más activa que el becario de Mark Zuckerberg. Me etiqueta en fotos de cuando era pequeño, comparte citas de Alfonso Guerra, crea eventos de comidas familiares (y me invita a ellos)… Pero hace unos días ha traspasado los límites de lo tolerable. Escribió esto en mi muro:

Eduardo, hace días que no sé nada de ti. Ni siquiera me coges el teléfono. ¿Te encuentras bien? ¿No habrás ido de prostitutas y pillado la gonorrea? Ah, por cierto, cámbiate la foto de perfil. Con lo guapo que tú eres y te pones la foto de un mono con pistola.”

Cuando vi el mensaje inmediatamente lo borré. Después intenté relajarme haciendo meditación mientras me tomaba tres litros de cerveza. Pero al día siguiente mi madre contraatacó:

¿Has borrado mi mensaje? ¿Es que no me quieres? Con lo que me costó parirte. Ocho horas tardaste en salir. El médico tuvo que llamar a los antidisturbios para sacarte de mi cuerpo.”

Vaya hachazo a mi honor. Mi madre era la Princesa Xena de las Redes Sociales. No me quedó más remedio que eliminar mi cuenta de Facebook, cambiar de amigos y cambiar de sexo.

Las aguas volvieron a su cauce hasta esta mañana. Mi padre se ha instalado Whattsaap y tiene más peligro con el móvil que un grupo de hooligans en una biblioteca. Y mi madre se ha abierto una cuenta en Instagram. Ha colgado una foto de su dentadura en un vaso. Tiene más de cien “me gustas”.

¿Artículo?: Consejos para ser una persona educada

 retratoRamón Ponte Fuerte, polémico bombero torero por ser uno de los miembros fundadores de PACMA, ha escrito un libro sobre educación que ha llegado a la estratosférica cifra de dos descargas en el emule. El libro en cuestión se titula “Consejos para ser una persona educada: Pokémons contra Transformes”. A pesar del título, el libro es un auténtico bodrio, pero merece la pena comprarlo, ya que contiene un prólogo escrito por Bertín Osborne.

Ramón, que procede de una familia aristocrática de Carabanchel, afirma que se han perdido los buenos modales, en especial desde que se pusieron de moda las despedidas de soltero. A continuación transcribo algunos de los consejos que nos podemos encontrar en el citado libro.

  • Nunca hables con la boca llena. Cada año más de 200.000 personas en el mundo se quedan tuertas por esta mala costumbre.

  • Saluda siempre a tus vecinos si te cruzas con ellos. Basta con un simple “hola” o un “yepa” o incluso el saludo vulcano de Star Trek. La conversación es opcional, pero recuerda que sólo dispones de 24 horas al día y no merece la pena perder minutos hablando del tiempo que hace, de lo que vas a comer hoy o de si Rajoy se tiñe la barba o no.

  • Sonríe a la gente. Especialmente si trabajas en un “Todo a cien”. Los clientes y las ventas seguramente aumentarán.

  • Si estás con unos amigos criticando a otro que no está presente, por si acaso no seas el primero en irte del grupo. Allá tú, pero si te vas de los primeros, seguramente te pitarán los oídos como si estuvieras escuchando a Justin Bieber haciendo un dueto con un delfín.

  • Ayuda a tus vecinos mayores a subirles la compra. Excepto si padeces lumbago, claro. Además tú no tienes la culpa de que en el hogar del jubilado no les expliquen que pueden hacer la compra por Internet.

  • Si vas en autobús, cede tu asiento a mujeres embarazadas hombres con tripa cervecera. También, por supuesto, a personas mayores, y si alguno de ellos declina tu invitación, siéntalos a la fuerza. Esto lo haces por ti, no por ellos.

  • No hables de tus intimidades en público. Y si te ves obligado a ello, miente como un bellaco. Se suele decir que la realidad supera la ficción, pero en materia de sexo suele ser a peor.

  • Si se te escapa un eructo, discúlpate. Excepto si el eructo en cuestión tiene la fuerza de un huracán y despeinas a todos los presentes. En ese caso, la gente entenderá que desayunas Coca Cola.

Para acabar, permitidme también a mí dar un consejo sobre educación. Si alguien os hace la faena de regalaros este libro, no pongáis mala cara y dad las gracias. Siempre podréis utilizar sus hojas como “papirus para el porrus”.